sábado, 27 de octubre de 2018


Trocha Angosta.
Partía la trocha angosta desde la estación Rancagua, frente a la calle de los prostíbulos y casas de remolienda, en donde los trabajadores y comerciantes dejaban su dinero, fichas y sueldos, buscando esa alegría pagada y de luz roja.
También las familias, matrimonios jóvenes y no tanto, jóvenes y madurones, que viajaban a los campamentos el fin de semana, o vacaciones de invierno, feriados y visitas, la mayoría de los estudiantes internos en diferentes colegios y escuelas de la ciudad.
Los horarios y medio de transporte eran de acuerdo al estatus, puesto o categoría del trabajador en el mineral, o en el comercio del campamento, o autoridad policial, o gubernamental.
En este relato en particular, por mi padre, profesional de minería, me correspondía viajar en auto-carril, vehículo similar a un autobús con ruedas de metal, como un tren, y con capacidad para 20 0 25 personas, mas su conductor, operador del "pata de fierro", él y sus colegas, todos ellos conocidos por sus nombres y apelativos.
La parte buena del trayecto empezaba cuando te tocaba ventana, y podías llevarla abierta durante parte del trayecto si es que el clima lo permitía, hasta donde el paisaje cambiaba de verde a agreste, de pasto a roca, cuando asomaban los acantilados, y se estrechaban las quebradas y desaparecían las bermas a nuestra vista desde el interior del vehículo.
La parte mala...el perfume de las damas elegantes cuando hacía frío, ventanas cerradas, calefacción encendida, gente fumando pipas o cigarros, y el zamarreo de las vueltas de la vía férrea, y llegaba el mareo, primero un malestar, luego las náuseas hasta devolver los alimentos, y tratando de llegar a la ventanilla con el consabido malestar de los pasajeros, y las disculpas de los padres por el incidente.
Y para disimular cualquier mal olor, nada mejor que echar mas perfume, del mismo que provocó el desastre.
El viaje de dos horas y algo, hasta la estación de Sewell, dependía generalmente de la espera que se hacía en algún ramal, esperando el tren de bajada, en un desvío donde existía una caseta telefónica desde donde el chófer recibía la información e instrucciones del despachador de trenes, cargado con los lingotes de cobre, producto final del proceso minero...era el tren metalero.
Y en esos momento de espera, cuando se sentía el silencio de la montaña, y cesaba el zarandeo del viaje por la trocha angosta, era cuando comenzaba la magia del viaje.
Algunos pasajeros bajaban a aliviar sus vejigas, detrás de un matorral si es que había alguno, o a estirar las piernas y ateridos músculos, a mirar el paisaje, el cielo limpio y las profundas quebradas con sus hilos de agua corriendo hacia el valle del Cachapoal.
Y surgían las interrogantes en la mente, y el cauto interrogatorio a tus padres, en voz baja como en secreto...
_Mamá, que son esas lucesitas que pasan por el cielo, allá arriba?
_Se llaman satélites, y son máquinas que los gringos lanzan al espacio...
_Mamá, porqué se me tapan los oídos cuando llegamos al túnel largo?
_Porque hemos subido mucho desde que salimos de Rancagua...
_Y cuando vamos a volver a casa de los abuelos?
_Tal vez cuando tu padre tenga vacaciones...
_Y cuanto falta?
_Bastante, casi todo un año, asi que tienes que estudiar y sacar buenas notas para tener unas buenas vacaciones...
_Verdad, es que me gustan los árboles y tener un perro, en Sewell no hay, solo gatos y ratones...ah, y grillos...
Pero con la nieve, cuando comienza a caer, y se junta y se ve tan bonita, sobre todo cuando despiertas en medio de la noche, miras por la ventana de tu dormitorio y ves caer los copos, como flotando a través de la luz de los focos de los postes de la calle, tratando de alumbrar apenas un pequeño circulo en la nevada, y lo único que quieres es que amanezca pronto, para levantarse y correr a la escuela, por las escalas transformadas en toboganes por donde viajas sentado en tu bolsón-trineo, en la bajada larga...
Así era la vida de un niño sewellino, nacido en un mundo paralelo, en otro país, diferente a la vida de sus familiares de allá abajo, en el valle, de jardines con plantas, con arboles frutales en el patio, acequias y espejos de agua, donde se podía jugar a los piratas, y con barquitos de papel, excursiones a terrenos inexplorados, con enemigos ocultos entre los yuyos y matorrales, animales tan extraños como caballos, vacas, terneros y las gallinas de los abuelos, sin mencionar las abejas y su miel....Todo eso y más, trás el andén, en el pueblo que se levantó en tierras del cacique Guaglén, Tomás para nosotros.
El campamento minero llegó a albergar a mas de 15.000 almas en sus edificios, casas y camarotes, colectivos de 4 o más pisos, también tenía lo suyo, con sus sectores para empleados y para obreros, juntos pero no revueltos, la acrópolis de las escaleras serpenteantes, subiendo y bajando, cual senderos embarandados, de fierro o de madera, cemento sobre roca, sin alamedas ni pasos peatonales, ni sentidos de tránsito.
Nuestras costumbres eran una mezcla de usos del campo y palabras norteamericanas, el basurero era el "shute", el club Teniente de la población americana, de los empleados de sueldo en dólares, era el "Teniente Club", las casas de huéspedes eran los "Staff House", se usaba el "lonchero", comíamos waffles, y celebrábamos el Hallowen cuando en Rancagua ni se sospechaba de su existencia...El 4 de Julio era otro 18 de Septiembre, y la muerte de un presidente norteamericano fue motivo de días de duelo y banderas a media asta.
Nuestros padres nunca pagaron cuentas ni de luz, agua, teléfonos, menos arriendo, ya que eran servicios "gratuitos", de la compañía, todo era pagado con los pulmones de los trabajadores, de los buitreros, cachorreros, mineros de avance, de piques y sondeadores, matapalos, maestros y "guarenes", aquellos recién ingresados a la nomina de pago de contraloría. Los turnos de 8 horas eran marcados por largos pitazos de la casa de fuerza, cerca del Molino Seco, donde se chancaba la roca, llamada "guatesapo"por tener manchas y ser roca blanda secundaria...el pito de las 6 de la madrugada, el del mediodía, que se repetía a las 13:00 horas, después a las 4 de la tarde y a las 8 de la noche, que era el que marcaba el fin de la pichanga de baby, y el regreso a casa...eramos "piteados"...
Con el tiempo y los cambios de políticas de la empresa, vino el desarraigo de ese lugar ordenado, sin delincuencia ni asaltos, sin mendigos pidiendo en sus calles, ni borrachos deambulando por sus escaleras, aunque en privado y a escondidas, había licor en algunos círculos y estratos superiores y también en otros mas de "palo", de obreros, gracias al contrabando de aguardiente de los "guachucheros" que cruzando los cerros, transladaban en las "cutras"a lomos de mula y de caballo.
Con el éxodo del campamento, se acabó el viaje sobre la trocha angosta del auto-carril, no más aire limpio, (cuando no había humo de la fundición de Cale tones, campamento donde se fundía el mineral, mas abajo de Sewell), no más el vuelo majestuoso de los cóndores entre los edificios y sobre las quebradas, no más trineos hechizos o heredados de los gringos que al volver a su país, vendían o regalaban a los chilenos amigos, no más tirarse sentado por la baranda en la bajada larga, como un cohete y a riesgo de irse de espaldas hacia atrás y romperse la cabeza o un brazo como muchas veces sucedió...
Y cambió la vida de las familias, ahora había que cuidarla luz y el agua, se pagaba el arriendo y las contribuciones, las calles tenían nombres, no solo números como en el campamento, en donde eras del 41, o de los 60´s, de los 300´s, etc. Los trabajadores en un principio quedaron solos en sus lugares de habitación, y sus familias en Rancagua, aprendiendo a vivir, a andar el locomoción colectiva y ubicarse en la ciudad, donde hay que andar con dinero en los bolsillos, vivo el ojo con los vehículos.
Se dice que "tiempo pasado fue mejor", diría que solo fue distinto, aunque sí irrepetible, con sus mitos y leyendas, fantasías y cuentos, con sus temores de fantasmas: Pueblo Hundido, Agua Dulce, y los desastres naturales como los "rodados", avalanchas de nieve que arrasaron con edificios enteros con sus habitantes, los accidentes fatales y terribles en las entrañas de la mina, los descarrilamientos del tren, cuando la trocha angosta no era capaz de sujetar el convoy de pasajeros, sembrando la muerte y la mutilación de personas que en él viajaban...
Comenzaba otra vida, una de tantas dentro de la existencia, desde que somos niños empezando a dar pasos solos, cuando la fantasía es nuestra realidad, y la aventura de crecer poco a poco va cambiando nuestra óptica de las cosas y de las personas. Hasta el tiempo cronológico cambia, las horas, los días y los años se vuelven interminables cuando el tedio se apropia de ellos, otras veces, pasan tan rápido que dejan un sabor a poco en el cuerpo, en la mente, los momentos gratos y felices, celebraciones, juegos y buenas compañías, cuando el pito de las 20 horas te cortaba el permiso de la alegría.
Nuestra vida en el campamento, a fines de los 50´s y años 60´s, fué de verdad llena de aventuras, pruebas y desafíos, cuando, en cada salida corrías el riesgo de encontrarte con las pandillas de los otros camarotes, de otros sectores, con personajes temibles, malos y buenos para los combos, siempre en patotas eso sí, había que planificar tu ruta para llegar a salvo a destino, si cruzabas los límites tenías que luchar por tu vida...generalmente con un piedrazo en la cabeza terminaba la escaramuza, y llegabas al hospital, donde el practicante, quien te curaba la cabeza rota, llamaba a tus padres y te dejaba un lindo "pelón" en la testa, otra medalla para la colección de cicatrices que, eran mudos testigos de la idiosincrasia de los hijos del pueblo minero. Pero así eran las cosas antes del desalojo de las familias, del traslado hacia la "civilización", hacia el valle.
Los viajes por la trocha angosta se fueron distanciando cada vez más, hasta terminar para siempre, junto al tiempo que marcó entre traqueteos y silencios, perfumes y nauseas, esperas y apuros por llegar a tiempo a tomar el "pata de fierro", o el auto-carril. Tiempo de sueños y ensueños, de vivir en una burbuja social, aparte las otras necesidades y apremios de los compatriotas "aguas abajo". Conocíamos la nieve como una temporada fantástica, surrealista y exclusiva de nosotros, era el balneario, donde venían personas a conocerla, a pasar las vacaciones en el lugar en que vivíamos, y recibíamos a nuestras visitas, familiares y amigos que nos venían a ver, a compartir ese manto blanco cuando la cordillera se vestía de novia, donde había que abrirse paso después de cada nevazón, aunque era mucho mejor deslizarse sobre ella en un improvisado trineo, bolsa plástica o bolso escolar, helando los traseros y manos, en una mágica y gratuita montaña rusa encantada de risas...
Volviendo al desvío de la vía, en espera que pase el tren hacia Rancagua, cuando bajábamos a estirar las piernas o a regar las piedras, y daban la vía libre hacia destino, a Sewell, dejando atrás la Copa, la roca en forma de Cáliz a la entrada del túnel largo que tomaba su nombre, Copado, con su misterio de pasadizo húmedo y oscuro, frío de estalactitas de invierno, las "velas"como se acostumbraba nombrarlas, en línea recta hacia la boca de salida, cual parto ferroviario. Más arriba, el "Puente Negro", con otra cantinela, distinta a la del túnel que hacía eco y retumbaba, ésta, de golpes secos y marcando el ritmo cual embalada en recta final. La trocha cantaba si era frotada por el tren, o el auto-carril, y tenia muchas melodías, unas de verano, otras de invierno, unas de día otras nocturnas, la del tren larga y pomposa, la otra, corta como una ronda infantil, rápida y alegre como tartamudeando una canción.
Después de la curva, "Agua Dulce", con su corral circular y su leyenda propia, de arenas movedizas y que ahí había caído un niño cuyo cuerpo nunca fue hallado, de ahí el cerco misterioso...Al otro lado de la quebrada, arriba, el Cementerio de Nonatos, donde descansaban los cuerpos de aquellos que no alcanzaban a vivir, nacidos muertos o terapéuticamente abortados en el moderno hospital de la Braden Cooper Co. Es que los norteamericanos, son más prácticos que los chilenos, será por la formación mas liberal de sus médicos, después de tanta guerra, de tanto "remedio" clandestino con resultados fatales, las mujeres podían contar con médicos y las instalaciones para resolver sus problemas de salud o de embarazos maltrechos. Y los no-nacidos, eran llevados al cementerio de Agua Dulce, en su cajita blanca y eran sepultados en ese terreno sagrado...Cuentan que en las noches, los zorros o pumas, bajaban desde sus madrigueras y comían, ellos no saben de reglamentos ni de la moral.
Más arriba, la cancha de fútbol de Sewell, graderías de piedra obvio... pasto?...en ninguna parte, solamente polvo sobre tierra, ahí se jugaban los torneos del campamento, y desde ahí también se celebraban algunas romerías y fiestas religiosas, la Gruta vigilaba el lugar, la Virgen desde su interior, recibía a quienes llegaban y despedía a quienes se iban. Estación Agua Dulce, primera parada de la zona urbana, mostrando a Sewell como un gran árbol de Pascuas, iluminado desde la cumbre, hinchado como un manto de luces hasta el Puente Rebolledo y hasta la Quebrada del Diablo, cada sector con su propia historia y leyenda.
Las respuestas quedaban dando vueltas en mi mente...las Tres Marías, la Cruz del Sur...Donde se guarda el auto-carril ...después?...Quién lo cuida?...Cuantos viajes hace cada día?...
Madre...Cuando bajemos de nuevo, llevaremos nieve a los abuelos, para que recuerden su juventud en Sewell, que te parece mamá...? Ja ja ja...no creo que llegue como nieve, solo agua, pero sería lindo no? Abrígate que la noche está fría, ya vamos llegando, ojalá que alguien nos lleve la maleta, está pesada, tu padre está de turno no pudo venir a buscarnos, pero entre los dos podemos....Mamá no te preocupes, soy sewellino, yo me la puedo, yo la llevo...

domingo, 7 de octubre de 2007

Minero de Agua Dulce

Hoy comienzo a rellenar este espacio que voy a dedicar a todos los que de alguna manera soñaron con ser o estar en algun lugar, y que la viday circunstancias los llevaron a otra parte.
Son bienvenidas las opiniones y aportes a este BLOG.
ARTUS