Trocha Angosta.
Partía la trocha angosta desde la estación Rancagua, frente a
la calle de los prostíbulos y casas de remolienda, en donde los trabajadores y
comerciantes dejaban su dinero, fichas y sueldos, buscando esa alegría pagada y
de luz roja.
También las familias, matrimonios jóvenes y no tanto,
jóvenes y madurones, que viajaban a los campamentos el fin de semana, o
vacaciones de invierno, feriados y visitas, la mayoría de los estudiantes internos en
diferentes colegios y escuelas de la ciudad.
Los horarios y medio de transporte eran de acuerdo al
estatus, puesto o categoría del trabajador en el mineral, o en el comercio del
campamento, o autoridad policial, o gubernamental.
En este relato en particular, por mi padre, profesional de minería, me correspondía
viajar en auto-carril, vehículo similar a
un autobús con ruedas de metal, como un tren, y con capacidad para 20 0 25
personas, mas su conductor, operador del "pata de fierro", él y sus colegas, todos ellos conocidos por sus nombres y apelativos.
La parte buena del trayecto empezaba cuando te tocaba
ventana, y podías llevarla abierta durante parte del trayecto si es que el clima lo
permitía, hasta donde el paisaje cambiaba de verde a agreste, de pasto a roca,
cuando asomaban los acantilados, y se estrechaban las quebradas y desaparecían las bermas
a nuestra vista desde el interior del vehículo.
La parte mala...el perfume de las damas elegantes
cuando hacía frío, ventanas cerradas, calefacción encendida, gente fumando
pipas o cigarros, y el zamarreo de las vueltas de la vía férrea, y llegaba el
mareo, primero un malestar, luego las náuseas hasta devolver los alimentos, y
tratando de llegar a la ventanilla con el consabido malestar de los pasajeros,
y las disculpas de los padres por el incidente.
Y para disimular cualquier mal olor, nada mejor que
echar mas perfume, del mismo que provocó el desastre.
El viaje de dos horas y algo, hasta la estación de
Sewell, dependía generalmente de la espera que se hacía en algún ramal,
esperando el tren de bajada, en un desvío donde existía una caseta telefónica desde
donde el chófer recibía la información e instrucciones del despachador de
trenes, cargado con los lingotes de cobre, producto final del proceso minero...era el tren
metalero.
Y en esos momento de espera, cuando se sentía el silencio
de la montaña, y cesaba el zarandeo del viaje por la trocha angosta, era cuando
comenzaba la magia del viaje.
Algunos pasajeros bajaban a aliviar sus vejigas, detrás de un matorral si es que había
alguno, o a estirar las piernas y ateridos
músculos, a mirar el paisaje, el cielo limpio y
las profundas quebradas con sus hilos de agua corriendo hacia el valle del
Cachapoal.
Y surgían las interrogantes en la mente, y el cauto
interrogatorio a tus padres, en voz baja como en secreto...
_Mamá, que son esas lucesitas que pasan por el cielo, allá
arriba?
_Se llaman satélites, y son máquinas que los gringos
lanzan al espacio...
_Mamá, porqué se me tapan los oídos cuando llegamos al
túnel largo?
_Porque hemos subido mucho desde que salimos de
Rancagua...
_Y cuando vamos a volver a casa de los abuelos?
_Tal vez cuando tu padre tenga vacaciones...
_Y cuanto falta?
_Bastante, casi todo un año, asi que tienes que
estudiar y sacar buenas notas para tener unas buenas vacaciones...
_Verdad, es que me gustan los árboles y tener un
perro, en Sewell no hay, solo gatos y ratones...ah, y grillos...
Pero con la
nieve, cuando comienza a caer, y se junta y se ve tan bonita, sobre todo cuando
despiertas en medio de la noche, miras por la ventana de tu dormitorio y ves
caer los copos, como flotando a través de la luz de los focos de los postes de
la calle, tratando de alumbrar apenas un pequeño circulo en la nevada, y lo
único que quieres es que amanezca pronto, para levantarse y correr a la
escuela, por las escalas transformadas en toboganes por donde viajas sentado en
tu bolsón-trineo, en la bajada larga...
Así era la vida de un niño sewellino, nacido en un
mundo paralelo, en otro país, diferente a la vida de sus familiares de allá
abajo, en el valle, de jardines con plantas, con arboles frutales en el patio,
acequias y espejos de agua, donde se podía jugar a los piratas, y con barquitos
de papel, excursiones a terrenos inexplorados, con enemigos ocultos entre los
yuyos y matorrales, animales tan extraños como caballos, vacas, terneros y las
gallinas de los abuelos, sin mencionar las abejas y su miel....Todo eso y más,
trás el andén, en el pueblo que se levantó en tierras del cacique Guaglén,
Tomás para nosotros.
El campamento minero llegó a albergar a mas de 15.000
almas en sus edificios, casas y camarotes, colectivos de 4 o más pisos, también tenía lo suyo,
con sus sectores para empleados y para obreros, juntos pero no revueltos, la
acrópolis de las escaleras serpenteantes, subiendo y bajando, cual senderos
embarandados, de fierro o de madera, cemento sobre roca, sin alamedas ni pasos
peatonales, ni sentidos de tránsito.
Nuestras costumbres eran una mezcla de usos del campo
y palabras norteamericanas, el basurero era el "shute", el club
Teniente de la población americana, de los empleados de sueldo en dólares, era el
"Teniente Club", las casas de huéspedes eran los "Staff
House", se usaba el "lonchero", comíamos waffles, y celebrábamos
el Hallowen cuando en Rancagua ni se sospechaba de su existencia...El 4 de Julio era otro 18
de Septiembre, y la muerte de un presidente norteamericano fue motivo de días
de duelo y banderas a media asta.
Nuestros padres nunca pagaron cuentas ni de luz, agua,
teléfonos, menos arriendo, ya que eran servicios "gratuitos", de la
compañía, todo era pagado con los pulmones de los trabajadores, de los
buitreros, cachorreros, mineros de avance, de piques y sondeadores, matapalos,
maestros y "guarenes", aquellos recién ingresados a la nomina de pago
de contraloría. Los turnos de 8 horas eran marcados por largos pitazos de la
casa de fuerza, cerca del Molino Seco, donde se chancaba la roca, llamada
"guatesapo"por tener manchas y ser roca blanda secundaria...el pito
de las 6 de la madrugada, el del mediodía, que se repetía a las 13:00 horas,
después a las 4 de la tarde y a las 8 de la noche, que era el que marcaba el
fin de la pichanga de baby, y el regreso a casa...eramos
"piteados"...
Con el tiempo y los cambios de políticas de la
empresa, vino el desarraigo de ese lugar ordenado, sin delincuencia ni asaltos,
sin mendigos pidiendo en sus calles, ni borrachos deambulando por sus
escaleras, aunque en privado y a escondidas, había licor en algunos círculos y
estratos superiores y también en otros mas de "palo", de obreros, gracias al contrabando de
aguardiente de los "guachucheros" que cruzando los cerros,
transladaban en las "cutras"a lomos de mula y de caballo.
Con el éxodo del campamento, se acabó el viaje sobre
la trocha angosta del auto-carril, no más aire limpio, (cuando no había humo de
la fundición de Cale tones, campamento donde se fundía el mineral, mas abajo de
Sewell), no más el vuelo majestuoso de los cóndores entre los edificios y sobre
las quebradas, no más trineos hechizos o heredados de los gringos que al volver
a su país, vendían o regalaban a los chilenos amigos, no más tirarse sentado por la
baranda en la bajada larga, como un cohete y a riesgo de irse de espaldas hacia
atrás y romperse la cabeza o un brazo como muchas veces sucedió...
Y cambió la vida de las familias, ahora había que
cuidarla luz y el agua, se pagaba el arriendo y las contribuciones, las calles
tenían nombres, no solo números como en el campamento, en donde eras del 41, o
de los 60´s, de los 300´s, etc. Los trabajadores en un principio quedaron solos
en sus lugares de habitación, y sus familias en Rancagua, aprendiendo a vivir, a andar el
locomoción colectiva y ubicarse en la ciudad, donde hay que andar con dinero en
los bolsillos, vivo el ojo con los vehículos.
Se dice que "tiempo pasado fue mejor", diría
que solo fue distinto, aunque sí irrepetible, con sus mitos y leyendas,
fantasías y cuentos, con sus temores de fantasmas: Pueblo Hundido, Agua Dulce, y los
desastres naturales como los "rodados", avalanchas de nieve que arrasaron con
edificios enteros con sus habitantes, los accidentes fatales y terribles en las
entrañas de la mina, los descarrilamientos del tren, cuando la trocha
angosta no era capaz de sujetar el convoy de pasajeros, sembrando la muerte y la
mutilación de personas que en él viajaban...
Comenzaba otra vida, una de tantas dentro de la
existencia, desde que somos niños empezando a dar pasos solos, cuando la
fantasía es nuestra realidad, y la aventura de crecer poco a poco va cambiando
nuestra óptica de las cosas y de las personas. Hasta el tiempo cronológico
cambia, las horas, los días y los años se vuelven interminables cuando el tedio
se apropia de ellos, otras veces, pasan tan rápido que dejan un sabor a poco en el
cuerpo, en la mente, los momentos gratos y felices, celebraciones, juegos y
buenas compañías, cuando el pito de las 20 horas te cortaba el permiso
de la alegría.
Nuestra vida en el campamento, a fines de los 50´s y
años 60´s, fué de verdad llena de aventuras, pruebas y desafíos, cuando, en cada
salida corrías el riesgo de encontrarte con las pandillas de los otros
camarotes, de otros sectores, con personajes temibles, malos y buenos para los
combos, siempre en patotas eso sí, había que planificar tu ruta para llegar a
salvo a destino, si cruzabas los límites tenías que luchar por tu
vida...generalmente con un piedrazo en la cabeza terminaba la escaramuza, y llegabas al
hospital, donde el practicante, quien te curaba la cabeza rota, llamaba a tus
padres y te dejaba un lindo "pelón" en la testa, otra medalla para la
colección de cicatrices que, eran mudos testigos de la idiosincrasia de los
hijos del pueblo minero. Pero así eran las cosas antes del desalojo de las
familias, del traslado hacia la "civilización", hacia el valle.
Los viajes por la trocha angosta se fueron distanciando
cada vez más, hasta terminar para siempre, junto al tiempo que marcó entre
traqueteos y silencios, perfumes y nauseas, esperas y apuros por llegar a
tiempo a tomar el "pata de fierro", o el auto-carril. Tiempo de
sueños y ensueños, de vivir en una burbuja social, aparte las otras necesidades
y apremios de los compatriotas "aguas abajo". Conocíamos la nieve
como una temporada fantástica, surrealista y exclusiva de nosotros, era el balneario, donde venían personas a conocerla, a pasar las vacaciones en el lugar en
que vivíamos, y recibíamos a nuestras visitas, familiares y amigos que nos
venían a ver, a compartir ese manto blanco cuando la cordillera se vestía de
novia, donde había que abrirse paso después de cada nevazón, aunque era mucho mejor
deslizarse sobre ella en un improvisado trineo, bolsa plástica o bolso escolar,
helando los traseros y manos, en una mágica
y gratuita montaña rusa encantada de risas...
Volviendo al desvío de la vía, en espera que pase el
tren hacia Rancagua, cuando bajábamos a estirar las piernas o a regar las
piedras, y daban la vía libre hacia destino, a Sewell, dejando atrás la Copa, la
roca en forma de Cáliz a la entrada del túnel largo que tomaba su nombre,
Copado, con su misterio de pasadizo húmedo y oscuro, frío de estalactitas de invierno,
las "velas"como se acostumbraba nombrarlas, en línea recta hacia la
boca de salida, cual parto ferroviario. Más arriba, el "Puente
Negro", con otra cantinela, distinta a la del túnel que hacía eco y
retumbaba, ésta, de golpes secos y marcando el ritmo cual embalada en recta
final. La trocha cantaba si era frotada por el tren, o el auto-carril, y tenia
muchas melodías, unas de verano, otras de invierno, unas de día otras
nocturnas, la del tren larga y pomposa, la otra, corta como una ronda infantil,
rápida y alegre como tartamudeando una canción.
Después de la curva, "Agua Dulce", con su corral
circular y su leyenda propia, de arenas movedizas y que ahí había caído un niño
cuyo cuerpo nunca fue hallado, de ahí el cerco misterioso...Al otro lado de la
quebrada, arriba, el Cementerio de Nonatos, donde descansaban los cuerpos de aquellos
que no alcanzaban a vivir, nacidos muertos o terapéuticamente abortados en el
moderno hospital de la Braden Cooper Co. Es que los norteamericanos, son más
prácticos que los chilenos, será por la formación mas liberal de sus médicos,
después de tanta guerra, de tanto "remedio" clandestino con
resultados fatales, las mujeres podían contar con médicos y las instalaciones
para resolver sus problemas de salud o de embarazos maltrechos. Y los
no-nacidos, eran llevados al cementerio de Agua Dulce, en su cajita blanca y
eran sepultados en ese terreno sagrado...Cuentan que en las noches, los zorros
o pumas, bajaban desde sus madrigueras y comían, ellos no saben de reglamentos
ni de la moral.
Más arriba, la cancha de fútbol de Sewell, graderías
de piedra obvio... pasto?...en ninguna parte, solamente polvo sobre tierra, ahí se
jugaban los torneos del campamento, y desde ahí también se celebraban algunas
romerías y fiestas religiosas, la Gruta vigilaba el lugar, la Virgen desde su
interior, recibía a quienes llegaban y despedía a quienes se iban.
Estación Agua Dulce, primera parada de la zona urbana, mostrando a Sewell como un gran árbol de
Pascuas, iluminado desde la cumbre, hinchado como un manto de luces hasta el Puente Rebolledo y
hasta la Quebrada del Diablo, cada sector con su propia historia y leyenda.
Las respuestas quedaban dando vueltas en mi
mente...las Tres Marías, la Cruz del Sur...Donde se guarda el auto-carril ...después?...Quién
lo cuida?...Cuantos viajes hace cada día?...
Madre...Cuando
bajemos de nuevo, llevaremos nieve a los abuelos, para que recuerden su juventud en Sewell,
que te parece mamá...? Ja ja ja...no creo que llegue como nieve, solo agua,
pero sería lindo no? Abrígate que la noche está fría, ya vamos llegando, ojalá
que alguien nos lleve la maleta, está pesada, tu padre está de turno no pudo
venir a buscarnos, pero entre los dos podemos....Mamá no te preocupes, soy
sewellino, yo me la puedo, yo la llevo...